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GESTIÓN DE RESIDUOS


Por gestión de los residuos se entiende el conjunto de operaciones encaminadas a darles el destino más adecuado desde el punto de vista medioambiental de acuerdo con sus características, e incluye las operaciones de recogida, almacenamiento, transporte, valorización y eliminación.

Durante las dos últimas décadas, los países europeos han establecido varios sistemas de control para la gestión de los residuos, prestando especial atención a las estrategias de prevención. Sin embargo, a pesar de este énfasis en la prevención, la cantidad de residuos generados ha ido aumentado. El vertido y la incineración, en lugar del reciclaje, siguen siendo las prácticas predominantes en la gestión de residuos. Como media, más del 60% de los residuos municipales generados en la Unión Europea son depositados en vertederos, alrededor del 19% son incinerados, 4% se destina a compostaje y un 3% se somete a procesos de clasificación mecánica para su recuperación. En residuos industriales, más del 70% de los residuos peligrosos son todavía gestionados vía vertedero, 8% incinerados y únicamente sobre un 10% recuperados como materiales secundarios.

DIRECTRICES EUROPEAS DE GESTIÓN DE RESIDUOS

  1. Prevención:
    • Tecnologías limpias
    • Productos limpios
  2. Reciclaje y reutilización:
    • I+D sobre técnicas de reutilización y reciclaje
    • Separación y clasificación óptimas
    • Reducción de costes externos
    • Creación de mercados para productos reciclados
  3. Optimización del vertido final:
    • Reducción del vertido
    • Normas más estrictas
  4. Regulación del transporte:
    • Reducción de los movimientos de residuos
    • Asegurar el vertido seguro
    • Control
  5. Acciones de remediación:
    • I+D sobre técnicas de inventariado y saneamiento de los emplazamientos
    • Desarrollo de instrumentos financieros

Fuente: Comisión de la Comunidad Europea. 1990

Los principios marcados por la Unión Europea en materia de residuos han sido recogidos en la Ley General de Protección del Medio Ambiente de 27 de febrero de 1998 (BOPV nº 59 de 27 de marzo de 1998). A continuación se recogen estos principios por orden jerárquico:

a)Prevención y minimización en origen, reduciendo la producción y nocividad.

b)Incentivación de la reutilización, reciclado y cualesquiera otras formas de valorización y cierre de ciclos.

c)Eliminación adecuada de los residuos que no puedan valorizarse e implantación de los medios necesarios para su correcta gestión.

La prevención y minimización en origen ocupa el primer lugar ya que es la forma preferente de disminuir la cantidad y/o la peligrosidad de los residuos que se generan actualmente, reduciendo al mismo tiempo los costes tanto ambientales como económicos que el tratamiento conlleva. Esta minimización de residuos puede realizarse de diversas formas: a través del diseño y tipo de envasado, vida útil más larga de los productos, utilización de material reciclable en el envasado, etc.

En segundo lugar se encuentra la valorización, que engloba tanto la reutilización como el reciclaje y la recuperación. La reutilización es un sistema que permite volver a utilizar un objeto después de su limpieza e higienizado para el mismo fin para el que fue diseñado originariamente. El vidrio es, de momento, el único envase que permite la doble posibilidad de ser reciclable y reutilizable. Las botellas reutilizadas, por ejemplo, una vez "rellenadas" inician un segundo ciclo, que puede repetirse hasta 20-30 veces. Así, el aprovechamiento íntegro del material queda garantizado. Por otro lado, el reciclaje es un proceso que tiene por objeto la recuperación de forma directa o indirecta de algunos componentes de los residuos. Esta recuperación puede efectuarse de dos formas diferentes: la separación en origen de los componentes que se desea diferenciar (recogida selectiva) y posterior tratamiento para su uso, o la obtención de los componentes que nos interesan con tratamientos posteriores a la recogida global de los residuos, con diferentes técnicas (cribado, separaciones, etc.). Finalmente, la recuperación o transformación de los residuos implica la alteración física, química o biológica de los residuos con objeto bien de mejorar la eficacia de las operaciones de control de residuos, bien de recuperar materiales reutilizables y reciclables o bien para recuperar productos de conversión (compost) y energía en forma de calor o combustibles (biogas). Dentro de los tratamientos de recuperación, hay que destacar los de procesamiento térmico, es decir la transformación de los residuos sólidos en productos gaseosos, líquidos y sólidos con la consiguiente emisión de energía en forma de calor. En este grupo se encuentran los diferentes sistemas de incineración, pirólisis y gasificación. Mientras que en el reciclaje se aprovecha la mayor parte del residuo generado, en la recuperación sólo se extraen del residuo aquellos componentes considerados valiosos y/o la energía que contienen.

La eliminación adecuada de los residuos que no puedan valorizarse se realiza mediante el vertido o depósito de los residuos. Este es el sistema más habitual de gestión de residuos, consistente en colocarlos sobre el terreno, extendiéndolos y compactándolos con el fin de reducir el volumen.

Un aspecto muy relevante en la gestión de los residuos consiste en conocer los impactos ambientales de las diferentes prácticas de gestión existentes. El aumento en la generación de residuos producida en los países europeos durante los últimos años supone que las actividades de producción y consumo están incrementando las cantidades de materiales que cada año se devuelven al medio ambiente de una forma degradada, amenazando potencialmente la integridad de los recursos renovables y no renovables. Además, la gestión de residuos posee una amplia variedad de potenciales impactos sobre el medio ambiente, ya que los procesos naturales actúan de tal modo que dispersan los contaminantes y sustancias peligrosas por todos los compartimentos ambientales (ver Cuadro 2). La naturaleza y dimensión de estos impactos depende de la cantidad y composición de los residuos así como de los métodos adoptados para su deposición.

En los vertederos incontrolados, la lixiviación de los residuo puede contaminar el suelo y el agua subterránea con sustancias tales como metales pesados, compuestos nitrogenados, compuestos clorados u otros compuestos orgánicos como hidrocarburos. Los lixiviados de residuos orgánicos pueden tener altas concentraciones en amonio que pueden causar una grave contaminación de las fuentes de agua potable y la eutrofización de las aguas superficiales en las áreas circundantes. La biodegradación de materia orgánica en los vertederos también genera gases peligrosos. El metano, uno de los principales componentes de los gases de vertederos, es explosivo a concentraciones entre el 5 y 15% en volumen en el aire. Otros gases, tales como el sulfuro de hidrógeno, son tóxicos; e importantes gases de vertedero, CO2 y metano, contribuyen a la producción del efecto invernadero.

El Inventario de Vertederos de la Comunidad Autónoma del País Vasco, realizado en 1989 y actualizado en 1992, constata la existencia de 664 vertederos en nuestro territorio. Este inventario ha sido y está siendo actualizado continuamente con el fin de proceder a la clausura de los puntos de vertido sin control y efectuar un seguimiento de los vertederos existentes.

La incineración no controlada de residuos sólidos puede contribuir a la emisión de metales pesados como mercurio, cadmio y plomo que están contenidos en los productos de consumo. Además, este tipo de incineración libera a la atmósfera compuestos orgánicos producidos en los procesos de combustión que son conocidos como productos de combustión incompleta. Entre estos productos se pueden encontrar las dioxinas y los furanos, los cuales se sabe que son altamente tóxicos. Los hidrocarburos poliaromáticos (PAHs), tales como el benzo(a)pireno (BaP), son otras sustancias muy tóxicas que pueden formarse durante la combustión.

Cuadro 2: Impactos de las prácticas de gestión de residuos, realizadas de forma incontrolada, sobre el medio ambiente

 

 

Aire

Agua

Suelo

Paisaje

Ecosistemas

Áreas urbanas

Vertido sin control

Emisiones de CH4, CO2; olores

Lixiviado de sales, metales pesados, compuestos orgánicos persistentes y biodegradables en el agua subterránea

Acumulación de sustancias peligrosas en el suelo

Ocupación del suelo; restricciones para otros usos

Contaminación y acumulación de sustancias tóxicas en la cadena alimentaria

Exposición a sustancias peligrosas

Compostaje sin control

Emisiones de CH4, CO2; olores

 

 

Ocupación del suelo; restricciones para otros usos

Contaminación y acumulación de sustancias tóxicas en la cadena alimentaria

 

Incineración no controlada

Emisiones: SO2, NOx, HCl, HF, NMVOC, CO, CO2, N2O, dioxinas, dibenzofuranos, metales pesados (Zn, Pb, Cu, As)

Deposición de sustancias peligrosas en las aguas superficiales

Vertido de escorias, cenizas volantes y chatarra

Impacto visual; restricciones sobre otros usos

Contaminación y acumulación de sustancias tóxicas en la cadena alimentaria

Exposición a sustancias peligrosas

Reciclaje sin control

Emisiones de polvo

Vertido de aguas residuales

Vertido de residuos finales

Impacto visual

 

Ruido

Transporte

Emisiones de polvo, NOx, SO2; liberación de sustancias peligrosas en derrames accidentales

Riesgo de contaminación de aguas superficiales y subterráneas por derrames accidentales

Riesgo de contaminación del suelo por derrames accidentales

Tráfico

Riesgo de contaminación por derrames accidentales

Riesgo de exposición a sustancias peligrosas por derrames accidentales; tráfico

Fuente: Agencia Europea del Medio Ambiente. 1995

Al objeto de dotar a la política de gestión de residuos de una estrategia, coherencia y transparencia, inexistente durante varias décadas, la Comunidad Autónoma del País Vasco ha diseñado y aprobado diferentes planes que se constituyen en el referente para la gestión de residuos durante los próximos años. Una tarea pendiente consiste en homogeneizar todos estos planes en unas Directrices de Gestión de Residuos para la CAPV capaces de enfocar de manera global el estado de los residuos y marcar estrategias nítidas para la primera década del siglo XXI.

Marco general de la política de residuos en el País Vasco

  • Plan de Gestión de Residuos Especiales de la CAPV 1994-2000 (1994)
  • Plan de Gestión de Residuos Inertes de la CAPV (1994)
  • Plan Director para la Protección del Suelo de la CAPV (Propuesta) (1994)
  • Plan de Residuos Hospitalarios de la CAPV (1995)
  • Plan de Gestión de Pilas y Acumuladores Usados (1994)
  • Plan de Envases y Embalajes de la CAPV (1996)
  • Plan Integral de Gestión de los Residuos Sólidos Urbanos del Territorio Histórico de Gipuzkoa 1997-2020 (1996)
  • Plan Integral de Gestión de los Residuos Sólidos Urbanos del Territorio Histórico de Bizkaia 1997-2001 (1997)
  • Plan Integral de Gestión de los Residuos Sólidos Urbanos del Territorio Histórico de Araba 1997-2001 (en elaboración)
  • Plan Director de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos de la CAPV (como suma de los tres Territorios Históricos) (1998)

Todos estos planes tienen como líneas generales las directrices comunitarias que se reflejan en el gráfico y se traducen en los siguientes objetivos estratégicos:

  1. Maximizar la prevención.
  2. Maximizar la valorización.
  3. Minimizar la eliminación.

Figura 3: Política de gestión de residuos en la Comunidad Autónoma del País Vasco

 

gestión de residuos

Fuente: Comisión Europea y Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno Vasco 1.996

 

Fecha de la última modificación: 11/01/2005
Euskadi, bien común